No soy yo el que te
mira detrás de los cristales
como quien sueña tener algo que no puede tocar.
No soy yo quien robó
tus pasos o tu camino
Solo robé algunos besos
y tu abrazo divino.
No soy yo a quien te
entregas de noche o de día;
fui el primero que te hizo mujer, pero mujer mía.
Ahora solo ese hombre al que miraste hacia abajo
y quedé manchado con
tinta de esos carnavales.
Solo fui, ese peldaño
que necesitaste para subir
y que ahora a tanta realidad
te es más fácil huir.
Yo solo he sido el que has
escogido en el trabajo,
como pieza descartable que
usas para luego tirar.
No soy yo, el que tú amas y llevas hoy de la mano;
yo soy solo el que te ama como jamás a nadie amé
y vive en el azul donde caen las lágrimas de la luna,
tras el espejo, lugar donde alguna vez tu piel amé.
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