Que en mi soledad extraño, su mirada, su piel
y también sus manos; pero más extraño su voz
que con gestos coquetos cantaba por las tardes
junto a mí y a su fina guitarra de color miel.
Llevo hambre de su aroma adictivo muy feroz
y deseos en el umbral de sueños cobardes;
es la trama de esta mi vida, que aún sigue viva,
entre días de verdades que no vendan mis ojos.
Erubescente amor que vas a la esperanza
de aquel robusto árbol girón de mi destino,
orando por la provisión de luz a mi camino
con única fe que solo en sueños se alcanza.
A pesar el tiro de muerte que tú me habías dado,
tuve tanta suerte que me heriste, más no asesinado;
mas esta herida es para todo mi tiempo por nociva
que intentaré sanarla abriendo candados y cerrojos.
Autor: Camisa
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