Caminando en la orilla pies descalzos, recordaba esa
tarde
mirando el sol en la playa de aquella vez que nos
vimos
solo para hablar, mirarnos y jugar un poco con la arena.
reímos mucho ante los vientos y la apacible caída del
sol.
Sabes. Siento la sal en mis labios que no es la del
mar
es lluvia del tiempo que pruebo desde que te has
marchado,
quedándome como huella en arena húmeda o desvalido
sin un adiós, sintiendo el vacío en las palmas de
las manos.
Te regalé mis fuerzas, mi tiempo, vida y mi libertad,
hasta cuando apagaste la luz de nuestra versión de
amar;
se quedó todo allí… como herida que jamás pude sanar,
y mi llama, como pebetero imposible de apagar.
Ha pasado tiempo, días de ríos, nubes y muchos
soles,
la piel ahora es como la de un árbol viejo o antiguo
roble,
mi ser no es como el de antes, dejó de ser noble;
y el tiempo un pequeño hielo en el verano para olvidar.
Es vida y tiempo que en lluvia mis comisuras han sentido,
desde que me dejaste las llagas del alma no se han curado,
y simulo en pie que no duele y avanzo sentiéndome derruido,
me ayudo a veces con las letras y otras también con alcohol.
Pienso: ¿cómo hiciste para que de amor nada te quedara?
Si no hubo consideración de hecho ni un grado de
amistad;
conmigo quedó el color de tus ojos, la tersura de
tus manos,
tu perfume, aquellos besos de juventud y muchísima pena.
Te busqué en tu pueblo y me enteré que te habías casado,
para mí no había ya oportunidad, pues era demasiado
tarde,
saboreé la sal, me quebré y quise que jamás te enteraras.
Autor: Camisa
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