Ven
ahora conmigo y conversemos,
como
aquellas tardes que me abrazabas,
en que
jugábamos un poco y nos reíamos
y donde
mirando mis ojos me confesabas
la
mentira que me amabas y para mí fue verdad.
Ven bonita veámonos por última vez ahora,
para
decirte que cuando me declaré contigo
fue el
amor que habló por mí en intimidad
te di
mis manos, mi alma, mi piel y mi corazón
y tú me
diste solo piel en momentos de soledad.
Te amé
tanto y te elevé al gran amor de mi vida,
me
encandilé en el oscuro universo de tus ojos,
y
aceleraste mi sangre al mundo de la ilusión
de
renacer de todo aquello que fue mi crucifixión.
No
sabes del dolor cuando el alma me arrancaste,
me
quedé tirado en sábanas blancas de mi lecho,
quedé
profundamente herido cuando me dejaste
lo
ignoraste y no le importó al iceberg de tu pecho.
Conversemos
de lo que nunca dijimos para cerrar