sus miradas son la puerta al universo donde enseñas
con amor, las virtudes, solidaridad, respeto y valores.
Su sonrisa ilumina no solo el camino de mi día a día,
sino la vida, para mirar el futuro con esperanza febril.
Ella es la que se emocionaba hasta regalarme palmas
cuando actuaba en el escenario a cantar o recitar.
Me abrazaba con el alma y el espíritu cálidamente;
y con el alma lo daba todo en forma desmedida
a cambio de nada; soñando que sea mejor persona,
para mis congéneres y para todo el mundo.
Podría ser una santa, un ángel o una explosiva mujer,
incluso convertirse en una bomba cuando molesta;
construyó y afianzó mi credo con sus bendiciones
y en sus deseos de protegerme le dio la brújula
a mí vida; para siempre hacer el bien sin mirar a quien.
Por eso ahora esta ella en mi letanía, en mis oraciones;
que me permita Dios seguir contigo compartiendo,
burbujas de tu amor infinito que enseñan y curan heridas
dándole pálpitos de vida a esos sentidos desahuciados.
Madre tómame de la mano y vuelve a abrazarme fuerte
que te necesito ahora más que nunca, en ésta mi tristeza,
contágiame de esa fuerza con la que ganaste mil batallas.
Vuelve a enseñarme que la vida es una constante lucha;
que la gloria es concluir el día con un logro pequeño;
que el trabajo es constante y con máximo empeño
se logra alcanzar la meta de todos nuestros sueños.
Madre hay una sola. Es verdad ese sentimiento puro
que fortifica el alma y le da paz al corazón inseguro;
es en momentos duros y difíciles que eso lo afirma
en fuente inagotable del inmenso amor incondicional,
coraje, para soñar, incluso despierto y vivir los sueños.
Madre gracias por amarme así con todos mis defectos
y por enseñarme en hechos que madre hay una sola;
gracias mi querida madre por quererme como un niño,
por hacerme ahora aun de viejo levitar con tus besos,
por tus mimos abrazos y todo ese inmenso cariño
y por tu corazón azul hecho de sangre y acero vivo.
Autor: Camisa
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