Pensé en
contacto cero,
apagar este te
quiero,
que arrodillado en
letanía,
pide una gracia de olvido,
sin importar hora
del día,
ha aquello que fue
perdido.
Sí; creí que era
amor,
en sus palabras
confié,
me causo tanto
dolor,
aquella de ojos café.
Es muy grande esta
herida,
talvez era una
serpiente,
y nada yo, en darme cuenta;
de la dulzura que miente,
te causa una gran afrenta,
por lo que te queda de vida.
Ahora brilla el
sol en noviembre,
anunciando un
pronto verano,
aún sueño cogerla
de la mano
y abrazarla de
febrero a diciembre.
Y es que a este oprobioso corazón,
a pesar de esta nostalgia infinita,
la tristeza y la enorme desazón
se muere por una nueva cita.
Autor: Camisa
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