Hágase tu voluntad, es mi ruego
y me pregunto siempre, luego.
¿Es tu voluntad oprimir mi pecho?
Entiendo que mi vida te pertenece;
más este dolor no solo es en el alma;
es en el corazón y hasta en los huesos.
Yo sé que estas en el derecho
de incendiar esta novela,
doblegarme con tormentas
para sentir otros dolores;
que me hagan olvidar horas lentas
y aquellos malos amores.
Perdona nuestras ofensas…
¿cómo perdonar a quien me clavo,
espinas en el alma y en el pecho…?
Me dejo las alas heridas,
llagas y cicatrices aún con vida,
llenos del color sangre o pintura
que van doliendo tanto
y hacen soltar alguna lisura.
Líbranos del mal…
Siempre lo repetí incansable
y por el contrario recaí en el.
No imaginas como, ni cuanto,
este amor por ti hoy acendrado,
navega tormentas inmensas,
entre mares de recuerdos,
que la nostalgia ha acumulado
y han vuelto mis pasos lerdos.
En mis noches en vela,
el rio en mi rostro crece,
lacera mi ser, mi alma
y el bálsamo uno de tus besos.
Autor: Camisa
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