Aquí sentado otra vez, bajo el árbol del parque
principal,
contemplo la iglesia desde la banca donde me desmoroné
y miro la algarabía de la gente ante la pronta visita
papal,
mi corazón aún percibe el dolor por lo mucho que te
amé.
Guardo en mi memoria todos tus colores y tus promesas;
desde el dulce color de tu sonrisa al de tus ojos y tu
piel,
que en el calor de la hoguera cambiaban el color de tu
voz
y me deshacías cual merengue, transformando mi rostro.
Guardo aquí en mi corazón el color de tu perfume dorado,
y este amor de color de la tinta que contigo solo he
pintado,
y lo guardo por si algún día te vuelva a ver
aunque ya no me puedas siquiera querer.
Guardo la verde esperanza de ver bailar a tu corazón,
al posar mis ojos en los tuyos, como guardo el color
del cielo
de la mañana de aquel día en que de ti quedé prendado,
como guardaré el color de esta noche en que te he
pensado.
Autor: Camisa
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