Anduve pensándote entre varias tazas de café;
la nostalgia, la tristeza me acongojaba el alma,
después de ti, nada yo podría construir;
estuve como el camarón que se duerme.
Me levanté, de la mesa y caminé hacia la plazuela,
aquella, donde se encuentran los chiclayanos,
cuyo nombre es Elías Aguirre y hacen eventos.
Solo seis cigarrillos, en cinco horas me fumé,
los aspire profundamente
deseando hacer huir
esta tristeza que hoy vive en mí desde tu partida.
Quise ahogarla en humo con los cigarrillos en mis manos
mas la pena se derretía
en el alma cual vela
que en fuego intenso se quema inerme.
Nunca supe esquivar o hacerle la guerra al amor,
y loco yo; me deje envolver en la mágica ternura,
en besos locos y caricias de blanca palma.
Logre despedirme de ti, mas hoy en mi profusa locura,
quisiera volver a abrazarte y pedirte que no te vayas
a otro lugar de peruanos vientos,
o a otras tierras o playas;
porque inmenso será el dolor,
y mi vida entera, expiraría maldecida.
Autor: Camisa
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