No me
asombra ver la muerte,
ni al pueblo siendo arrasado,
siempre es la ley quien revierte
el crimen organizado.
Los
vándalos del desorden
van con placa y con escudo,
para culpar al que muerde
el anzuelo del mundo crudo.
Dicen que
son los violentos
los que gritan en la plaza,
pero son los mismos cuentos
que el poder siempre desplaza.
Hoy la
calle está sangrando,
hay un cuerpo que cayó,
mientras otros van llorando
al hermano que murió.
Hay
heridos en la acera,
hospitales sin consuelo,
y en la cima, la bandera
la sostiene un carnicero.
Son
agentes del Estado
al servicio del ladrón,
que protege al blindado
con manos de matón.
Dime tú
con qué conciencia
se castiga al que protesta,
y se premia la indecencia
de quien roba y apesta.
Han
quebrado la justicia,
la arrastraron sin pudor,
y hoy la ley es una artificia
que protege al agresor.
Ya no hay
lucha organizada
contra el crimen ni el cohecho,
la fiscal fue silenciada
por limpiar su propio techo.
Leyes
hechas a medida
para jueces amordazar,
y que quede bien dormida
la verdad sin despertar.
Mientras
tanto, el pueblo clama,
y ellos tapan a violadores,
a mochasueldos sin drama
y a proxenetas peores.
Han
blindado a una asesina
y a matones del Estado,
manos llenas de ruina
con sangre del pueblo honrado.
Han
pisoteado derechos,
la voz civil han callado,
quieren ver a los estrechos
siempre sumisos, arriados.
Y un Estado fallido e indolente,
que se burla de su gente,
que anhela una patria decente,
mas el Estado la miente y la roba impunemente.
El presidente y su corte,
los congresos del cinismo,
venden leyes por deporte
y disfrazan su abismo.
No derogan las procrimen de miseria
que ellos mismos redactaron,
pues en su propia materia
los delitos se blindaron.
¿Dónde
quedó la promesa
de cuidar al ciudadano?
Hoy la muerte es su defensa,
y el miedo su gran hermano.
No
votemos por basura,
ni por ladrones con traje,
que se escuden tras la jura
mientras cargan su equipaje.
Basta ya
de los abusos,
de blindajes y favores,
de políticos insulsos
y sus tratos destructores.
Hasta el
día de hoy, aquí voy,
con mi rabia y mi razón,
yacen trizas —te lo doy—
de mi roto corazón.
Autor y compositor: Camisa
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