Jamás me había sentido absolutamente
tan mal
en agónica tortura, anhelando siempre
tu regreso,
soportar haberme quedado totalmente
callado,
habiéndose convertido todo en
un cúmulo de sal.
No sé si seguir esperando, a esta
edad tu regreso,
mas ahora retumba tu mensaje aún en
mi cabeza;
dijiste: "Mientras haya vida, aún
hay esperanza".
Por ello; no sé si decir que
nunca regresaste...
No dejé hasta ahora de soñar un porvenir juntos,
o decir que jamás regresaste; aunque queda vida
y aún llevo guardado en mi torrente sanguíneo,
esa tu mirada, tu abrazo y aquel dultrícimo beso,
preguntando, a media tarde cuándo sería nuestra boda.
En la ciudad quedaron planes y sueños detenidos,
avanzó cada uno por su lado en distinto sentido;
hicimos nuestras vidas y aún tengo tu ausencia,
y este corazón joven, de ti, aún está enamorado.
No has vuelto aún y en mis ojos está tu fisonomía;
las grabé en mis neuronas y en la roja sangre mía,
impregnada tú en mi palma y mis huellas digitales.
Cierro los ojos para traerte justo aquí, a mi lado,
curar tu gran ausencia, factor de todos mis males.
No volviste, más el tiempo y la vida no borran aún
ese halo de esperanza viva, que me abraza y acurruca,
hasta el punto de mojar sus hombros sin que lo prevea,
que ese rocío es para que aún se mantenga con vida,
la esperanza que sostiene este amor que siento por ti.
Autor: Camisa
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Licencia poética : Dultrícimo, que relaciona la dulzura de ese beso
con la tristeza.